Amapola – Papaver roheas

Plantas herbáceas

Rosella, pipiripip, gallaret… [Catalán]
Amapola, ababol… [Castellano]
Papaver roheas [Científico]

Introducción

La amapola es una planta herbácea anual muy común en nuestros campos y caminos. Puede llegar a medir casi 1 metro de altura y se reconoce fácilmente por sus flores rojas que tiñen los prados en primavera y verano. Tiene el tallo erecto, delgado y de color verde blanquecino, cubierto de pelos finitos que le dan un tacto áspero. Cuando es un borrón (capullo) antes de florecer, cuelga hacia abajo hasta que llega el momento de abrirse; entonces el tallo se endereza y la flor se despliega de golpe, revelando su belleza roja. Es una planta bien adaptada a los suelos pobres y removidos, especialmente los arenosos y soleados, por eso prolifera tanto en los cultivos y bordes de los caminos. «Un mar rojo con mil nombres.»

Hojas

Las hojas de la amapola son de color verde intenso y están muy divididas. Son hojas alternas. Tienen forma pinnada, esto quiere decir que cada hoja está rasgada en 5 o más lóbulos o segmentos estrechos con márgenes dentados. Las hojas de la parte de abajo de la planta suelen tener pecíolo (una pequeña cola que las une al tallo), mientras que las de arriba son sésiles (sin pecíolo, abrazando directamente el tallo). Todas están cubiertas de pequeños pelos como el tallo, lo que las hace un poco ásperas al tacto.

Frutos y semillas

Después de la floración, la amapola forma un fruto en forma de cápsula pequeña, verdosa o marronosa de 1-2 cm con una tapa en forma de disco en la parte de arriba. Esta cápsula cuando madura se convierte como en un salero o pimentero natural. Y es que, bajo el disco de arriba, se abren unos cuantos agujeritos por donde van cayendo las semillas cuando la planta se sacude con el viento. Las semillas de la amapola son muy pequeñas, negras o grisáceas. Una sola amapola puede producir centenares o miles de semillas. Una curiosidad sorprendente es que estas semillas pueden dormir bajo tierra durante muchos años hasta que las condiciones son buenas. Por eso, después de labrar un campo o incluso después de grandes obras o perturbaciones del suelo, a menudo aparecen amapolas que quizás hacía décadas que estaban esperando bajo tierra!

Flores

Las flores de la amapola son el atractivo principal de esta planta. Son grandes y solitarias y pueden medir unos 5 a 8 cm de diámetro. Cada flor tiene cuatro pétalos anchos y arrugados como papel de seda. El color de los pétalos es de un rojo muy vivo y a menudo presentan una pequeña mancha negra en la base que llama la atención. Antes de abrirse, los pétalos son de color blanquecino, pero se vuelven rojos al desplegarse. La flor está protegida por dos sépalos verdes y peludos que cubren el capullo como una capucha y caen cuando la flor se abre. En el centro de la amapola hay un pompón de muchos estambres negros que parecen pestañas o hilos negros; estos estambres envuelven el gineceo (la parte femenina) que tiene forma de una pequeña torre verde con un disco encima. Este disco es el estigma y tiene unas rayitas (normalmente 8-12 líneas radiales) que hacen de puertas de entrada del polen.

Raíces

La raíz de la amapola es delgada y alargada, del tipo axonomorfa o pivotante. Esto quiere decir que tiene una raíz principal que baja recta abajo como una zanahoria delgada, de la cual salen algunas raicillas secundarias más pequeñas. Esta raíz principal le ayuda a fijarse al suelo y a buscar agua en profundidad, aunque la amapola no es muy exigente y puede crecer en tierras secas donde otras plantas tendrían dificultades. Como que es una planta anual (vive solo un año), su raíz no es muy gruesa ni leñosa.

Hábitat

Etimología

¿De dónde viene el nombre de “amapola”? Esta palabra proviene de la palabra rosa con el sufijo -ella, y literalmente significa “rosita o pequeña rosa”. Tiene sentido, ya que las amapolas son flores rojas como las rosas pero más pequeñas y silvestres. En castellano, el nombre amapola parece que viene del árabe hispánico ḥabábawra, que a su vez venía del latín papaver, y dio lugar también al nombre dialectal ababol en zonas de Aragón y otros lugares. Papaver viene del latín clásico y es simplemente la palabra antigua para designar las amapolas o pavots, es decir, las diversas especies de amapola. La especie rhoeas tiene un nombre de origen griego: proviene de rhoeas que significa “rojo”, en referencia al color vivo de los pétalos. Curiosamente, la amapola tiene muchísimos nombres populares diferentes según la comarca y la cultura. En catalán, además de rosella, en algunos lugares se le llama pipiripip (o peperepep), un nombre que parece imitar el canto del gallo “quiquiriquic”. También recibe nombres relacionados con el gallo: gallaret, gallgallaret, gallareta… porque el rojo de la flor recuerda la cresta de un gallo. Cada zona le ha puesto su toque: badabadoc, caputxí, poncella, coscoll, puput, etc. En total, se calcula que en catalán hay casi un centenar de nombres diferentes para esta flor roja tan común. Esto demuestra lo presente que está a lo largo del territorio y de la cultura popular.

Historia de la amapola

Historia de la amapola

La relación de la amapola con los humanos viene de muy antiguo. ¿Sabías que aparece mencionada en textos médicos del antiguo Egipto? En efecto, la amapola era una de las hierbas recogidas en el famoso Papiro de Ebers (un antiguo documento medicinal egipcio del 1550 aC!). Más adelante, en la antigua Grecia, sabios como Teofrasto recomendaban comer sus hojas tiernas en ensaladas para aprovecharlas como alimento verde. Otro médico griego, Dioscórides, en el siglo I, explicaba una receta curiosa para usarla como somnífero: decía que hirviendo 5 o 6 cabezas (cápsulas) de amapola en vino y dándolo a beber, se conseguiría dormir a cualquier persona. Esta idea de usar la amapola para favorecer el sueño viene de muy lejos.

También hay constancia de que en la edad media (siglo XV) ya se usaban los pétalos de amapola para teñir de rojo telas o preparaciones, aprovechando su poder colorante (ten paciencia, que después te explicamos esto de los colorantes naturales).
En tiempos más recientes, la amapola ha adquirido un simbolismo especial en algunas culturas. Desde el siglo XX, la amapola roja es un símbolo de recuerdo de las personas que murieron en la Primera Guerra Mundial. Esto empezó porque, después de los combates en los campos de Europa (como en Flandes, en Bélgica), los campos de batalla devastados quedaron llenos de amapolas que brotaron espontáneamente. Mucha gente lo vio como un homenaje de la naturaleza a los caídos, ya que las flores rojas recordaban la sangre derramada. Aún hoy, en países como Inglaterra, para el 11 de noviembre (Día del Armisticio) se lleva una amapola de papel o tela en la solapa en memoria de los soldados muertos. Así que, además de ser una planta, la amapola se ha convertido en un símbolo de paz y recuerdo en todo el mundo.

Propiedades y usos medicinales de la amapola

Propiedades y usos medicinales de la amapola

Aunque la amapola no es tan potente como su prima adormidera (Papaver somniferum, de donde se extrae el opio), sí que contiene algunas sustancias activas interesantes. Sus pétalos y cápsulas tienen alcaloides como la roeadina, que le dan propiedades sedantes y relajantes suaves. Por eso, tradicionalmente se ha usado la amapola para ayudar a dormir y calmar los nervios.

Por ejemplo, se preparan infusiones de pétalos de amapola antes de ir a dormir para combatir el insomnio. También se han utilizado para calmar la tos y los resfriados, ya que las flores tienen mucílagos (sustancias emolientes) que suavizan la garganta y, combinadas con los alcaloides, ayudan a disminuir la tos seca. Además, tienen efecto espasmolítico (calman espasmos), de manera que pueden aliviar los dolores menstruales y los cólicos. Antiguamente, se decía que también ayudaban con la diarrea infantil y otras molestias digestivas.

Una preparación típica es el chicle de amapola o jarabe casero para la tos: se hierven las flores en agua con azúcar hasta obtener un jarabe rojizo, y se toma a cucharadas para calmar la tos irritativa (eso sí, en dosis moderadas). También se pueden hacer cataplasmas con los pétalos frescos para aliviar inflamaciones en la piel o en los ojos irritados (¡ojo, que mancha de rojo!).

Precauciones:

Hay que decir que la amapola es muy segura en las dosis recomendadas, ya que sus alcaloides son pocos y suaves. No tiene efectos tóxicos importantes si no nos excedemos, pero por precaución no se aconseja para embarazadas, madres lactantes ni niños pequeños (los más pequeños mejor que se esperen a ser mayores para probar remedios de plantas). Y recuerda: aunque sea natural, siempre es bueno consultar a un adulto o a un médico antes de tomar remedios de plantas.

Usos comestibles de la amapola

Usos comestibles de la amapola

Sorprendentemente, ¡la amapola también se puede comer! Diferentes partes de la planta se han usado en la cocina tradicional, especialmente en épocas de guerra o escasez en que se comían muchas hierbas silvestres. Hoy en día, estos usos culinarios se están redescubriendo en la cocina silvestre. Veamos cómo:

Hojas tiernas: Las hojas jóvenes de la amapola (antes de que salga la flor) se pueden comer crudas en ensaladas o bien cocinadas como si fueran espinacas. Tienen un sabor suave, un poco ácido y ligeramente picante que da gracia a los platos. A nivel nutritivo son bastante buenas: aportan vitaminas A y C, y minerales como calcio y hierro. Tradicionalmente, en los pueblos las recogían para hacer tortillas, sopas o simplemente salteadas con ajo y aceite, mezcladas con otras verduritas del campo.

Pétalos de la flor: Aunque no lo parezca, ¡los pétalos de amapola son comestibles! Se han utilizado para hacer infusiones relajantes (el té de amapola tiene un color rojo precioso), para hacer mermeladas (mezclando pétalos con azúcar y limón, queda una confitura roja y aromática) e incluso para decorar ensaladas y postres. Eso sí, el sabor de los pétalos es más bien sutil o ligeramente amargante, así que a menudo se usan más por el color y las propiedades que por el gusto. Un uso antiguo era poner pétalos de amapola en vinos y vinagres para darles un toque de color rojo y aprovechar sus propiedades calmantes.

Semillas de amapola: Seguro que conoces las semillas de amapola porque se usan mucho en la panadería. Son aquellas semillas negritas y diminutas que se ponen encima de los panecillos, bastoncitos o en pasteles como el Mohnkuchen alemán. Las semillas de amapola no contienen alcaloides (no, ¡no tienen opio! Son de una especie diferente de las que se usan para opio) y son muy nutritivas: son ricas en fibra, en proteínas (contiene proteínas vegetales buenas) y en grasas saludables como el ácido linoleico y oleico. Además, tienen calcio, hierro, magnesio… ¡Un superalimento en miniatura! En la cocina, se pueden usar de muchas maneras: añadirlas a la masa del pan, a galletas o magdalenas para dar un toque crujiente; espolvorearlas sobre yogures, ensaladas o muesli; o hacer salsas y pastas mezclándolas con miel o mantequilla (por ejemplo, en algunos lugares hacen una miel con semillas de amapola para acompañar quesos). En países de Europa central, es típico hacer un pastel de semillas de amapola o rolls rellenos de pasta de amapola que tienen un sabor dulce y un poco de frutos secos. Y en Oriente, también las usan tanto en platos dulces como salados, por ejemplo en curris o guisos las tuestan un poco para sacarles el aroma de nuez que tienen.

Recetas con amapola

Recetas con amapola

Mermelada de pipiripips1

Ingredientes:

  • 120 gr de pétalos de pipiripip
  • tres manzanas (300 gr.)
  • 250 gr de azúcar no refinado
  • 3 vasos de agua
  • una cucharada de piel de limón

Procedimiento:

  • Hervimos la manzana pelada y troceada, junto con el azúcar y los 3 vasos de agua, durante 15 minutos.
  • Añadimos los pétalos y lo dejamos cocer 10 minutos más, con la piel de limón.
  • Lo pasamos por la batidora y si es necesario rectificamos de agua.
  • Llenamos los botes de vidrio y lo hacemos hervir 15 minutos al baño maría.
  • Veréis que las hojas de Pipiripip son muy fibrosas y les cuesta triturarse. Por eso es necesario que hiervan su rato, sino no se dejan triturar. Hay que insistir para que quede una mermelada fina.
Mermelada de pipiripips
Fuente: Gastronomia Salvatge

Mohntorte, bizcocho de amapola (sin gluten) 2

Ingredientes:

  • 170 g de mantequilla pomada
  • 180 g de azúcar 120+60
  • 6 huevos L
  • La piel rallada de 1 limón mediano
  • 125 g de nueces
  • 250 g de semillas de amapola

Procedimiento:

  • Ve precalentando el horno mientras mueles las amapolas y las nueces.
  • Bate la mantequilla con el azúcar (120 g) hasta que esté cremosa.
  • Separa las yemas y las claras. Añade, una por una, las yemas a la masa que has obtenido de la mantequilla y el azúcar. Continúa batiendo.
  • Incorpora la amapola y la nuez molida. Mezcla-ho muy bien.
  • Bate las claras a punto de nieve. Cuando las claras estén formando una espuma suave añade poco a poco el azúcar (60 g). Continúa batiendo hasta que tengas una espuma firme.
  • Pon 2-3 cucharadas soperas de las claras montadas a la masa de amapola. Bátelo muy bien con movimientos fuertes (esta poca cantidad de clara montada sirve para que la masa esté más suelta y no quede muy dura). Ahora, poco a poco, incorpora el resto de claras montadas, pero las tienes que añadir con mucho cariño para que la espuma no baje.
  • Unta un molde redondo con mantequilla y después espolvoréalo con harina. Elimina la harina que sobra. Diámetro del molde: 21 cm.
  • Vierte la masa al molde. Alísala. Hornéala durante unos 40-45 minutos.
  • Deja enfriar el pastel al molde 20 minutos. Después saca el molde y deja que el pastel se enfríe del todo en una rejilla.
Monhorte, bizcocho de amapola
Fuente: el Baúl Dulce
Juego y arte con amapolas

Juego y arte con amapolas

Gallo, ¿gallina o pollito?

Es un juego tradicional muy apreciado entre los niños: se recoge una cápsula cerrada (sin ver el pétalo) y se tiene que prever si, cuando se abra, será rojo (gallo), rosado (gallina) o blanco (pollito). Según la zona, también se le puede llamar gallaret. Este juego nos conecta con la naturaleza y mantiene viva una tradición popular típicamente primaveral.

Hacer un «bisbe» de amapola3

Otro juego artesanal consiste en hacer una pequeña figura infantil con una amapola. Se coloca la cápsula (fruto) como cabeza, y la cápsula invertida, con los sépalos y pétalos revelados, forma un vestido rojo que hace de una especie de obispo florido. Es una manualidad espontánea y creativa que aprovecha las formas y colores naturales de la planta.

Curiosidades mágicas de la amapola

Curiosidades mágicas de la amapola

Astrología

La amapola, por su poder para hacer dormir y calmar, era considerada una planta bajo la influencia de la Luna. De hecho, herbolarios antiguos como Nicholas Culpeper (siglo XVII) decían que la amapola era “una hierba de la Luna” y que los remedios hechos con ella favorecían los humores fríos y húmedos, relacionados con el sueño y los sueños. Otras corrientes atribuyen la amapola al planeta Venus, por su belleza roja y por las conexiones con el amor (Afrodita y las amapolas, ¿recuerdas?).

Magia

En magia y folclore, la amapola es una flor vinculada al sueño, la paz y la protección. Desde tiempos antiguos, brujas y curanderas la han empleado en brebajes soporíferos, cojines de sueños proféticos y rituales para favorecer la fertilidad, el amor y la prosperidad. Llevar pétalos secos dentro de una bolsita de seda roja se consideraba un amuleto para atraer suerte y afecto; esparcir las semillas alrededor del hogar podía llamar la riqueza, mientras que lanzarlas a la entrada servía para alejar malos espíritus.
En Europa del Este, la amapola también se usaba para “entretener” vampiros y espíritus malignos: se creía que contarían todas las semillas antes de entrar, quedándose distraídos hasta el amanecer. En rituales de sueños, una infusión o unos pétalos bajo la almohada en noche de luna llena ayudaban a soñar con el amor verdadero o a recibir mensajes del otro mundo. En magia amorosa, regalar una amapola o coronar con ella a la persona amada era un hechizo sutil de pasión y recuerdo.
Su fama como flor que “hace dormir” incluso ha llegado a cuentos como El Mago de Oz, donde un campo de amapolas mágicas duermen a los protagonistas.

Mensaje

«Soy tu pausa y tu consuelo. Conmigo, tu corazón está tranquilo y tus sueños se convierten en puerto seguro. Te ofrezco paz después de la tormenta y esperanza cuando todo parece yermo. Crezco entre ruinas y tierras pobres para recordarte que la belleza puede surgir incluso en medio de la adversidad. Soy la flor humilde de los márgenes, efímera pero intensa, y te enseño a disfrutar del momento presente. Ven conmigo y deja que el viento te explique que, como cada primavera, la vida siempre renace con colores nuevos.»